domingo, 30 de diciembre de 2007

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Leyendo la reseña que de Los príncipes valientes hacía maese Absence me he dado cuenta de hasta qué punto he tenido abandonado este espacio durante los últimos meses. Abandonado, sí. Quizá con una media de entradas más alta que nunca, pero seguro que ustedes me entienden...



(Lo cierto es que este post lo he escrito de cabeza hace ya un buen rato, mientras hacía la comida. Entre los efluvios de la salsa de tomate y el aroma de la ensalada y del vino recién abierto, todo sonaba estupendamente y cada palabra encajaba de manera elegante. Ahora, mientras intento reescribirlo todo en la pantalla, las frases se me van desordenando y se caen, se derrumban sobre sí mismas. No sé...)



Desde el verano, poco más o menos. A raíz de la debacle del anterior ordenador, pero no debido a ello. Quizá ha tenido que ver un cierto hastío, o quizá esa pereza con la que tanto me gusta bromear ha tirado de mí más de lo conveniente. Tampoco la situación en el trabajo ha ayudado a centrarse, desde luego. Lo cierto es que, por una u otra razón (o, más bien, por un cúmulo de ellas), han ido creciendo en número las entradas dedicadas a enlazar a otros o a dar noticia de cosas leídas por ahí, me he aficionado a brujulear un poco a tientas en busca de curiosidades que señalarles o de imágenes que compartir con ustedes, algo que en sí mismo resulta satisfactorio, sí, y hasta estimulante, pero que a mí me ha dejado siempre con un extraño sabor de boca: sabor a quiero y no puedo, por así decir.

Y la tricefalia no ha ayudado, por cierto. Mis otros dos juguetes, Spiff! y CJ, languidecen en un barbecho que las ocasionales actualizaciones no consiguen remediar.

Leer a Absence esta mañana, esa reseña emocionante que no supe escribir yo; haber recuperado hace poco a gente como V o R, recordar que se puede escribir como quien se desnuda... ha supuesto, estos días, un revulsivo, un electroshock que querría definitivo. Es pronto para hacerse con el arsenal de propósitos de año nuevo, y además es una gilipollez, todo el mundo lo sabe, pero a mí me basta con haber sentido ese escalofrío, el vértigo de saberse en el sitio adecuado y estar dilapidando el tiempo a manos llenas.

Lo que viene a querer decir, si alguien necesita un mapa, que se acabaron las vacaciones y aquí se viene a sudar la camiseta, y que habría que ir poniéndose a escribir de una vez...

3 comentarios:

absence dijo...

Coño, y yo con la sensación de que en los últimos meses desatiendo mi espacio porque ya no puedo arañar más tiempo al tiempo.
Me sorprende (y agrada) servir de resulvivo. No me lo esperaba. Estoy contento de mi reseña del libro de Pérez, pero el mérito es del libro, que me la sacó de dentro.
¡Feliz año!

fcnaranjo dijo...

Feliz año, amigo.

:-)

PAblo dijo...

Este libro figura en mi carta a los Reyes Magos desde que vi un comentario elogioso de pocas lineas que picó mi curiosidad en esta página. Así que no se haga tantas cruces sr. Naranjo aunque eso sí, escriba más el próximo año que nunca estará de más.

Absence, su felicitación se la dejo en el sitio pertinente.

¡ Feliz Año!

(Ah, cuando me haya leído el libro ya les contaré algo donde ustedes saben).

Saludos,